Volvimos
Luego de un importante letargo hemos vuelto con las energías casi renovadas, es más, me animo a decir que ésta será una etapa super productiva, es más, me animo a tirar una estadística asombrosa: creo que, con semejante impulso, llegaremos a los 3 posts mensuales. Lo digo y lo sostengo.
Esperen las sorpresas.
Un saludo para Cartuchetti.
De Prosa a Popa
Bajo el adormecedor arrullo del humo de mi pipa, el cognac extiende un velo de irrealidad y me transporta al fantástico mundo surrealista de Arthur Roman Samaniego, el fabulista por excelencia de la Francia de fines del siglo XVIII.
Si bien el autor suele caer con frecuencia en lugares comunes y lodazales conceptuales, su obra también nos sorprende con deliciosos figurines literarios, y, al menos para quien escribe, logra enseñarnos con ternura y crudeza, los valores morales y humanos del "Siglo de Oro".
A continuación, extractos de su obra "De Prosa a Popa, 300 fábulas infantiles para grandes y chicos", Año 1753, Editorial Oxidé Guillotín.
"La Gárgola y el Búho"
La gárgola le miró sorprendida.
- ¿Por qué me dices eso?
Y el búho sabio, con una sonrisa en el pico le contestó.
- Porque tu apariencia no me asusta.
Y la gárgola lloró.
"Las avellanas de la urraca"
LLególe el palomo una vez más a la casa de la urraca, golpéole la puerta con su patita y dejóle las avellanas en el felpudo, tal como habían acordado.
- ¿Me darás ahora la respuesta a mi pregunta?
Y la urraca contestóle.
- Hay palomo palomo, que tonto habeis sido, las avellanas son para comer, las lágrimas del toro son para beber y la rama del olivo, para... ¡Cataplúm!.
Y matóle de un certero ramazo en el lomo.
Recuerdos de mis pasos por Molonia
Molonia, tierra fértil y generosa, de praderas verdes y cañadones oscuros, de zebras multicolores y hienas serias. Molonia, donde los atardeceres duran más, y los anocheceres menos, donde la humedad te envuelve en una cómoda película refrescante a la luz de la fogata, y las chispas de los leños encendidos, se terminan confundiendo en la inmensidad del cielo nocturno.
En Molonia te duermes a la intemperie, y te despiertas allí mismo, bebes y sacias tu sed, comes y defecas, no se puede matar, robar o mentir, y quien lo hace, es mal visto por sus pares.
Molonia te atrapa, te hace quererla, te invita a ser un Molonio más y saber que se siente, Los Molonios, son gente menuda, morena y alegre, hablan en Molonio y no se les entiende nada, a no ser que sepas hablarlo.
Sus habitantes, comen lo que pescan, cosechan o compran, y también trabajan.
Corren carreras sobre avestruces, y gana el que llega primero, son formidables.
Yo quiero ser Molonio, pero no me dejan, me dicen que tienes que haber nacido allí para serlo, y además se niegan a reconocer a Dios como nuestro creador, sólo cuando beben demasiado de la bebida que les he llevado, miran hacia el cielo y parecen dudar.
En algunas cosas no son tan gentiles, se rehúsan a pagarme en oro las enseñanzas que intento inculcarles, religión, lengua española, comercio, todo lo que necesitan para convertirse en felices pobladores de este mundo globalizado.
Yo no me enojo, entiendo que trato con salvajes, pero si quieren servir a las grandes familias de nuestro país, deben aunque sea aceptar la disciplina que este menester requiere, no me gusta golpearlos, me duele más a mi que a ellos.
El mes que viene partiré hacia mi hogar, llevaré conmigo a los hombres más fuertes, o los que queden y no hayan muerto por una misteriosa y mortal epidemia, similar a la gripe que me afectó en el barco y los primeros días de mi estancia aquí.